Hoy en Argentina es el día de la madre, no lo recordaba. Llevo una semana en estado de pánico por la Guerra en Medio Oriente. Mi mamá, y mi papá, viven allí.
Es tan perturbador que, cuando me preguntan, me preguntan, casi afirmando “pero están en una zona tranquila, ¿no?”. No.
La otra pregunta auto-tranquilizadora es ¿van a volver en los vuelos de Cancillería, no?. No. Esos vuelos son para argentinos que no tienen adonde quedarse o su zona es peligrosa. No creo que ningún argentino-israelí tome esa decisión o vuelo, corresponde a gente que estaba de paseo o estudiantes. Nadie quiere dejar su casa a menos que no le quede otra. No es el caso. Es tan lejos y lejano el conflicto que cuesta entender. La guerra no se entiende.
Nunca vivimos una con tanta información y desinformación. La última, en Argentina, fue la de Malvinas y ahora que lo pienso, fue parecida: se publicaban todas mentiras. Acá pasa algo así. Las redes sociales ya no son nuestras. Si queremos decir algo, lo hacemos, pero no se ve. Arriba tenemos otras voces que nos tapan: los usuarios -o trolls- que pagan las cuentas premium, los que se dedican a viralizar contenido (hoy de la guerra, ayer del Mundial de Argentina), y así sucesivamente.
Escribo esto con la frialdad que cultive todos estos años. Mi primera experiencia con los cohetes en la ciudad de mis viejos -Ashkelon- fue hace 22 años. Ahí empecé a aprender que no solo no tenía que leer los diarios -porque asustaban y desinformaban- sino que tampoco tenía que hablar con determinada gente porque le gusta hablar y opinar de todo sin saber de nada. Hace mucho años hice esta nota para Revista Paco contando algo muy parecido, pero sin guerra. No la había leído desde entonces, dudé en escribirla, publicarla, así como también me sucede con este newsletter, con cada tuit y cada columna en TV. Pero “ah, pero”.
No voy a hablar en este boletín de política, religión o conflictos geográficos (los tres pilares que permiten entender lo que pasa hace 3.000 años en la tierra prometida) pero a mi juego me llamaron con la desinformación. También desde un living privilegiado pero desde una enorme operación de inteligencia y narrativa. No estamos acostumbrados pero siempre pasó. Es lo mismo que el “Estamos ganando” de Malvinas. Solo que ahora cada uno puede elegir su propia aventura informativa. Si se esfuerza, puede llegar a algo cercano a los hechos y sacar mejores conclusiones que las del living de consignas vacías o confirmaciones de sesgos.
No escribo desde el enojo. Si desde un terror que nunca sentí en mi vida y no se lo deseo a nadie. Mi mamá -felíz día má ♥️-, me dice que no puedo cambiar nada. Yo creo que cada uno, desde su lugar, puede hacerlo y también desde el silencio. Y ese es mi único consuelo en esta pesadilla. Esta historia no es mía, es la de todos los que estamos sufriendo con lo que vemos, leemos y sabemos. Mis viejos tienen la suerte de tener el sistema de defensa Cúpula de Hierro en Ashkelon. Los vecinos de la Franja de Gaza no. Todos y todas son las víctimas.
Twitter (X) exalta el odio y llegamos a ver a gente amiga, respetada y conocida diciendo barbaridades, tirándote “los muertos” por la cabeza, como si se tratara de una chicana futbolística. Si esa duele, imaginate esta.
Si me acompañan, les voy a hablar del terrorismo des-informativo.
Las leyes de la guerra 🛜
No hay leyes de guerra en redes. En este artículo del New York Times se explica cómo Hamás se ve favorecido por una enorme cantidad de ignorancia pública combinada con desinformación absoluta. “El periodista promedio –y mucho menos el ciudadano promedio– no sabe mucho, si es que sabe algo, sobre las leyes de la guerra”, dice. Y yo me pregunto ¿hay leyes de guerra en internet?
La Unión Europea citó a Elon Musk para dar explicaciones con lo que está pasando en twitter. Es un chiste, ya es tarde. Solo un 10% del contenido que circula puede ser publicable a partir de su verificación. Podemos inferir que el 90% restante son mentiras. Mentiras que retuiteamos, leemos por arriba, comentamos y usamos para chicanas.
Seguí de cerca “el caso de los bebés decapitados”. Tardé días en confirmarla y me tomé días para entender qué pasó. Por qué, una vez filtrada la noticia de que murieron 40 bebés, fue desmentida una y otra vez. Hubo 40 bebés asesinados, el tema era si fueron decapitados o no. A algunos los quemaron y no se -ni quiero- saber más detalles. La noticia la confirmó el Primer Ministro Israelí a través de su cuenta. Con fotos, ocultas, pero que se pueden ver si lo deseas. ¿Qué pasó?
. En primer lugar, es la primera vez que desde las embajadas israelíes difunden imágenes de víctimas de guerra. Es la primera vez porque hay una guerra audiovisual en redes generada por la cantidad de material que produjo Hamas el sábado que ingresó al Kibutz de la masacre. Entraron con armas y cámaras. Esa es la nueva ley de la guerra virtual. Mostrar.
. En segundo lugar, se tomaron tiempo para publicar las fotos. Pero hay un relato posible de eso y es la narrativa de la guerra. ¿Fueron decapitados? No lo se, pero si fueron asesinados. Los videos están y el hecho ocurrió, como tantos otros aberrantes.
. En tercer lugar, decir que algo es fake da engagement. Lo comento aquí aunque en Twitter verán que siguen desmintiendo la noticia verdadera. Cuando termino de escribir esto, sale esta nota en el Jerusalem Post hablando de lo mismo y citando la misma burla que vi en redes argentinas con “influencers del conflicto”.
La estrategia de desinformación en las redes sociales
Twitter se convirtió en una guerra sin ética. Pero todo empieza en Telegram. Ambas redes prácticamente no moderan contenido. Elon Musk despidió a su equipo de moderación y prioriza el contenido de los usuarios que pagan Premium. Aparecen con un tilde de verificado pero no son personalidades u organizaciones verificadas, simplemente pagan y difunden mentiras en el traje de hechos y verdades.
La avalancha de contenido es tal que es imposible de chequear. Una persona no puede, una organización o un equipo sí, pero necesita tiempo para detectar solo algunas.
Estas semanas se usaron muchas imágenes de videojuegos, de la guerra con siria o de conflictos de Gaza-Israel anteriores para sembrar aún más caos y pánico.
La desinformación no tiene por protagonista, todavía, a la IA. Es simplemente poner un lindo encabezado y lanzar la bomba informativa. Miles de retuits.
El objetivo del terrorismo es justamente ese, sembrar terror. Ahí una respuesta a la noticia de los bebés decapitados, funciona, casi, siguiendo el manual de ISIS.
Los canales de televisión y los diarios levantan esas imágenes. Medio Oriente queda a 12.000 kilómetros. Nadie conoce, casi nadie chequea. A menos que ya te hayas topado con esa imagen. La mejor verificación es la memoria humana. Aún no hay herramientas efectivas y veloces para determinar que son fake. Tienen mala calidad pero una gran inteligencia detrás.
El viernes hice esta columna. La íbamos a ilustrar con un edificio bombardeado detrás pero, al verla, no pude chequear de donde era: Gaza y Ashkelon son muy parecidas. Los misiles, también.
“X y desinformación: la fábrica de mierda digital” titulan en esta nota de Público que explica muy bien este fenómeno actual que supera la propaganda gubernamental. Es el modelo de negocio, idiota, diría yo. ¿O no ven una cantidad inusitada de hilos “explicando” el conflicto en manos de personas que tuitean de cualquier cosa? Se monetiza el contenido de impacto. Todo vale. Hay que salir de Twitter.
¿Cómo nos informamos?
En este momento se está cocinando otra gran fake news en las redes. Fake news puede ser parcial, información sin contexto, maliciosa, tiene muchas formas. Pero sin dudas es una que produce mucho dolor y que aún no estoy aún en condiciones de desmentir pero me da una certeza: es contenido muy compartido en Twitter. Es el sesgo vivo de que alguien dice lo que querés escuchar. Mi primer consejo es:
No te informes a través de redes sociales
Si en cuentas de usuarios-periodistas que consideres serios y éticos. Eso si, si un día escriben de hamburguesas, otro de fútbol y otro de fake news del Medio Oriente, no te los recomiendo.
Hay que esperar para saber qué es verdad y que no. Aunque los diarios te parezcan una basura, no lo son. Aún tienen, algunos, muchas buenas prácticas y periodistas responsables.
Nunca te guíes por el título y la bajada: no la escriben los periodistas, son clickbait y pueden sacar de contexto el artículo.
Si ves un video, tratá de verlo entero. Si es en Twitter, fijate las notas contextuales.
Si es una imagen, podés hacer click derecho y poner “buscar imagen con Google”.
Andá a las cuentas oficiales de los gobiernos o embajadas para chequear.
Seguí cuentas de chequeo de información. Este periodista de la BBC y su equipo están haciendo un gran trabajo.
Pensá el contexto, el sentido común y tu sesgo.
Nunca un audio de WhatsApp que no sea de una voz que conocés
Este consejo me lo doy también a mi: no mirar los comentarios, no responder ni entrar en polémica. Son tiempos difíciles.
No se como va a terminar todo esto. Solo deseo que sea pronto porque todos están sufriendo. No podemos hacer nada más que ser cuidadosos con la información. Informar e informarse es un acto de amor. Desinformar, no. Vean “Promesis”, la dejo en recomendados.
Recomendados
Día internacional de la reparación: El Club de Reparadores celebra, en Buenos Aires, el día de la reparación. “Cuando todo parece roto, reparamos”. Por eso, quienes quieran pueden ir el sábado 21/10 a las 18 horas cosas y aprender a hacerlo. Sábado 21 de Octubre de 15 a 18hs en @estanciaculturaambiental , Mariano Acha 2898, Coghlan.
Eleven Labs: Estuve probando Eleven, una herramienta paga de inteligencia artificial -con algunas funciones gratuitas- para ver hasta donde es capaz de llegar. Permite crear voces sintéticas pero muy reales para videos y tutoriales, entre otras cosas. También, doblar videos a diferentes idiomas. Aquí probé un Horacio Embón en Chino.
Promesas: Este documental “Promesis” es una joyita que vi hace muchos años y me permitió seguir entendiendo algo tan lejano. “Si no te conozco, no puedo tener paz contigo” dice Mahmoud, niño palestino coprotagonista del documental. Es la historia de cómo siete niños y niñas palestinos e israelíes viven el conflicto. Habla del miedo a conocer al “enemigo” pero nos desarma todo sesgo con su encuentro, empatía y comunicación. El único camino a la paz. También se ve, en ambas comunidades, la subordinación que tiene la mujer. En este link la pueden ver entera.
Sewell: Esta semana estuve en Rancagua, Chile, y tuvimos la suerte de conocer Sewell. Queda en la ladera del Cerro Negro, en la Cordillera de los Andes, a más de 2.100 metros de altura. Era una legendaria ciudad construida en 1905 por la empresa estadounidense Braden Copper, para albergar a los trabajadores de la mina de cobre “El Teniente” que fue declarada patrimonio la humanidad en 2006. Ya les contaré, pero les dejo un pedacito aquí.
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Gracias por la gran crónica, escasean las voces que realmente se interesan en informar cómo la tuya.
Abrazo para vos y los tuyos.
Estuve tratando de escuchar voces y/o periodistas medianamente autorizados y es muy difícil de comprender. Y es cierto que X no es un buen medio para informarse. Me pasa también con la guerra de Ucrania. Todo está armado para que te expidas rápidamente, emocionalmente. Abrazo para vos y tus padres.