Este newsletter está libre de IA ✍️
Hemingway, SIP Connect, Substack, LinkedIN y escribir en la era de la IA
Hola amigos. Escribo estas lineas desde Miami, mi primera vez en esta ciudad. Vine a dar una clase al encuentro SIP CONNECT 2026 de la Sociedad Interamericana de prensa con una charla tipo Workshop para analizar de qué manera podemos rescatar nuestra voz cuando usamos IA junto con Redacciones5G, un programa de capacitación periodística de Personal de la que participo hace más de 8 años.
Este boletín sale un día postergado y será diferente porque me topé con historias maravillosas que les quiero contar. Por ejemplo, la casa de Hemingway, sus objetos, sus gatos que sobreviven generación a generación y sus máquinas de escribir. También, las propuestas de Substack y LinkedIN para escribir sin basura de IA.
El domingo que viene continuaré con esta historia que incluye presente, pasado y futuro.
📚 El jueves y viernes andaré dando una vuelta por la FED en el Stand de AZ Editora, la feria de editores independientes que me dicen -nunca fui-, es un gran espacio para salir de la caja. La FED celebra su 15° edición con más de 330 editoriales de América Latina y España, entrada libre y gratuita y queda en el barrio porteño de Chacarita.
✍️ El sábado 8 de agosto estaré en la Feria del Libro de Bragado a las 18 horas. Tendré el placer de que sea una vez más Ale Bavera quien presente mi libro (gran host y coach de presentaciones).
👩🏻🏫 El lunes 10 de agosto estaré dando una clase presencial y virtual en Argentores sobre IA y escritura titulada -porque nada es casualidad- “Escribir en la era de la Inteligencia Artificial”. Más información aquí.
🕣 Este boletín tiene 2200 palabras y lleva 10 minutos de lectura
🙌 La semana que viene saldrá una nueva edición especial de IA. Será la número 18 de el especial que hago para los suscriptores pagos y consiste en capacitaciones escritas. Aquí la última. Si querés sumarte, aquí más información.
1) La máquina de escribir de Hemingway
Ayer domingo fui de paseo a la casa de ¡Ernest Hemingway! El escritor norteamericano ganador del Nobel de Literatura tuvo, además de una vida increíble y grandes obras literarias, una casa en Key West (Cayo Hueso), en el extremo sur del estado de Florida, Estados Unidos.
La casa es un museo. Ahí vivió el escritor con Pauline Pfeiffer, la segunda de sus cuatro esposas, y también seis perros, una vaca y decenas de gatos polidáctilos. La polidactilia es una condición genética que les da un dedo extra en alguna de sus patas: parece que tuvieran un guante. ¿Cómo lo sé? Porque hay alrededor de 60 gatos dando vueltas por la casa-museo, descendientes de la original Blancanieves. También hay un cementerio de gatitos, un edificio de gatitos y un pasadizo de gatitos. Es espectacular.




También se exhiben sus múltiples máquinas de escribir, junto con sus rifles, libros, cartas, fotos y muebles traídos de Europa en barco. Están la Corona N.º 3 plegable que le regaló su primera esposa, Hadley Richardson, en los años de París, e inmortalizó en el poema Mitrailliatrice, donde compara la máquina con una ametralladora. Hay muchas más como la portátil Underwood Standard y un par de Underwood tradicionales.
Hemingway llegó a Key West a buscar un auto Ford. Como la entrega se demoró semanas, salió a dar una vuelta, vio la casa y se enamoró de la vivienda. Hacía varios años que estaba abandonada y, en consecuencia, arrastraba deudas de impuestos locales: la operación consistió en pagar los 8.000 dólares que se debían a la municipalidad y quedarse con la escritura. La plata no la puso él, sino el tío Gus, el tío rico de Pauline, como regalo de bodas.
Tras la muerte del escritor, la casa se vendió en una subasta por 80.000 dólares a Bernice Dixon, dueña de la joyería Beachcomber, de la que tanto Hemingway como Pauline habían sido clientes. Ella la fue convirtiendo en el museo que es hoy.
Pareciera que los hermosos gatos que viven allí son la atracción principal (casi que sí), pero todas las pertenencias de Hemingway, la historia y las fotos sin dudas también lo son. Pueden ver más en el sitio de la casa.
2) Escritura, divino tesoro
Hemingway escribía a mano. Cuando tenía todo más o menos claro, pasaba a la máquina de escribir por una cuestión de velocidad. Cuando subí a visitar su estudio me llamó la atención porque no era un escritorio como los que usamos hoy, más rectangulares que otra cosa. Era pequeño. Pero salvo excepciones, tampoco escribía allí sino una biblioteca similar a la que se ve por detrás.
Según una entrevista de George Plimpton, el escritor escribía parado, en un cuadrado de apenas treinta centímetros arriba de una biblioteca, con libros de un lado y manuscritos del otro. Sólo había lugar para lápices. Para no distraerse o engañarse, llevaba la cuenta diaria de palabras en un cartón grande colgado en la pared debajo de una cabeza de gacela embalsamada. Los números que figuran en la entrevista son 450, 575, 462, 1250, 512. Y dice que los números altos correspondían a los días que trabajaba extra para no sentir culpa al día siguiente cuando se iba a pescar.
Escribía de mañana temprano y decía que no solo necesitaba disciplina sino que esta se adquiría con, valga la redundancia, disciplina.
Escribiría todo el newsletter desmenuzando sus ideas y sistemas de escritura. En la entrevista de Plimpton habla de la necesidad de una estabilidad financiera para poder escribir en paz. También dice que la preocupación destruye la capacidad de escribir. “Pero sin duda, la mejor escritura surge cuando estás enamorado. Si no te importa, prefiero no extenderme sobre ese tema”.
3) Escribir en la era de la IA
Mi presentación en el congreso SIP Connect empezó con las características de los modelos de lenguaje, definidos como Loros Estocásticos por un estudio de 2021 de Emily M. Bender, Timnit Gebru y otras colegas, que marcó un antes y un después en la larga historia de la Inteligencia Artificial Generativa. Es una metáfora que utilizaron para ilustrar que los chatbots son sistemas que repiten palabras usando la estadística y el azar pero no entienden lo que dicen. La escritura de los modelos es el resultado de una calculadora de palabras basada en la probabilidad. Es por eso que la probabilidad nos da siempre la misma forma de escribir y hablar: no es esto, es lo otro; grandes conclusiones, ejemplos triádicos, y muchos etcéteras.
Para salir de esa cárcel del lenguaje que hoy acapara la web y todas las redes, propuse armar un asistente personal analizando cuál es nuestra voz. ¿Cómo? escribiendo nosotros y usando la IA para otro tipo de actividades.
Propuse, también, intentar no diseñar con IA. Si no tenés otra opción, cambiarle el prompt del diseño predefinido (todo suena ChatGPT y parece Claude), personalizar la herramienta, como si fuera una plantilla Canva al que le personaliza el contenido.
Para eso, hay que crear sistemas. Sistemas como el de Hemingway pero con las herramientas que tenemos hoy. ¿Son necesarias? No. ¿Son útiles? A veces. Pero para que sirvan, hay que trabajarlas y aprender a usar estas herramientas. Es decir, diseñar un GEM, un GPT, un artefacto o sistemas similares. Para que no todo se vea o suene como IA, hay que saber que usar y que no ¿Ustedes también ven IA en todos lados? ¿Qué les genera?
4) Las plataformas empiezan a etiquetar los textos “hechos con IA”.
El caso Substack
Hace poco Substack -la plataforma en la que hago LadoBNews hace cuatro años-, incorporó al detector de escritura de IA Pangram a los newsletters para que los lectores puedan evaluar si los contenidos que leen están hechos con IA.
Hay varias experiencias al respecto.
A los que les molesta leer textos generados con algún modelo de lenguaje (yo formo parte de ese grupo) porque son similares, artificiales y sin aura, como diría Walter Benjamin.
A los que, si está bien escrito, les da lo mismo. En este caso también formo parte pero sólo en el caso de la edición del texto. Un gran porcentaje de profesionales usa la IA para corregir.
A los que le parece perfecto o no se dan cuenta, por el momento.
Las reacciones que generó la incursión de herramienta no fueron del todo positivas. Según informa 404 muchos escritores de la plataforma no están de acuerdo con la posibilidad de etiquetar a los contenidos generados por IA y consideran a esta medida como una caza de brujas. Pregunté a mis lectores qué les aparecía en mis newsletter (sabrán los que me marcan los errores de tipeo de todos los domingos que los hago “a mano”), y me dijeron que da en un 85% humano. Sospecho será la edición.
Estos detectores no son determinantes. Son una herramienta más y el “para qué sirven” lo define cada persona o institución. Es útil para periodistas (cuando queremos chequear si algo tiene olor a IA), para docentes, para abogados, para editores, etc.
Lo que pasa, si falla, es que en el mundo de las redes sociales te pueden cancelar. Como dice el siguiente testimonio, te pueden arruinar la carrera.
«Estos detectores son notoriamente imprecisos», afirmó Alice Lemee, escritora fantasma y asesora de escritura digital, en un video que realizó sobre las nuevas funciones de detección de IA de Substack. «Basta con una sola acusación falsa para que la reputación de un escritor quede prácticamente dañada de forma irreversible».
Por eso me parece interesante que todos estemos de acuerdo y seamos transparente. Aquí LinkedIN propone algo similar.
Antes de enviar el news, me apareció la opción de analizar la escritura de IA. Así se ve.
El caso LinkedIN
Ahora es LinkedIn, la red más plagada de IA espantosamente formulada, la que anunció un botón para que los lectores puedan indicar si un texto “parece generado por IA”.
El anuncio lo hizo Hari Srinivasan, Chief Product Officer de LinkedIn y, según probé, está disponible en las cuentas de Estados Unidos pero no todavía en las de Argentina.
La idea es marcar que algo parece basura de IA. ¿Está bien? ¿Está mal? Me parece una buena idea para depurar el contenido. Sin embargo, mucha gente utiliza esa función para generar más engagement y parece funcionarle, por lo que no estaría a favor. (Yo si)
En este punto, parece que LinkedIN y Substack tienen el mismo problema. En el primer caso, Srinivasan afirmó que el equipo de LinkedIn bloqueó miles de millones de publicaciones y comentarios generados por IA en los últimos meses. En Substack, alrededor 10% fue detectado como IA. Lo bueno es que es la única plataforma donde el formato largo es el menos sintético.
En LinkedIN también eliminaron la opción de “Mejorar con IA”, una función que reescribía los textos y la reemplazaron por otra que corrige sintaxis y gramática sin alterar el estilo del usuario.
Por último, cambiaron la política para desincentivar los posteos producidos con IA.
5) La regla del 90% de Not By AI
Buscando información de esta tendencia encontré el sitio Not By IA. Mi newsletter podría aplicar a su premisa que es la regla del 90%. El 10% restante es la tolerancia de IA habilitada (según los preceptos del sitio) para inspiración, textos legales o elementos no visibles como SEO, metadatos o corrección de errores y edición. Las traducciones no participan en esta ecuación.
Solo así te habilitan usar una etiqueta ofrecida como “libre de IA”. Esta sería la mía. El problema que le veo a esta página es que hay que pagar una membresía para que evalúen y acepten tu proyecto sin ninguna opción gratuita.
No es un detector de IA ni una declaración. Es un proyecto independiente, una propuesta que podemos tomar o dejar.
Otra propuesta es la del Gremio de Autores norteamericano que propone una certificación de “Autoría Humana” para preservar la autenticidad en la literatura. En este caso también requiere una certificación exclusivamente norteamericana. Dicen en su página:
El logotipo y el nombre «Human Authored» se registrarán en la Oficina de Patentes y Marcas de los Estados Unidos y contarán con el respaldo de un sistema de registro que creará una cadena de confianza verificable entre autor y lector a través de una base de datos pública donde cualquier persona podrá comprobar el origen humano de un libro.
También aclara, y este es el punto adonde este tipo de iniciativas coinciden, que los autores pueden seguir participando si utilizan la IA como herramienta para la corrección ortográfica o la investigación. “La certificación implica que la expresión literaria en sí misma, con la voz humana única que cada autor aporta a su escritura, emana del intelecto humano. En un mercado cada vez más saturado de contenido generado por IA, los lectores merecen saber si están experimentando una creatividad humana auténtica”, agregan.
Los ejemplos que publican desde Not By AI para aplicar a estas normas son:
Quien escribe el outline de un artículo y deja que Claude redacte los párrafos no califica
Quien pega un paper humano en Gemini para que "suene más profesional" tampoco
Quien genera seis variantes de un video con IA y elige una.
La semana que viene continúo con esta edición especial sobre escritura. ¡Gracias por leer!
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Para publicitar, charlas o capacitaciones, me escriben a isternik@gmail.com.









Superinteresante este debate. Yo leí una nota de Floridi sobre distant writing y decía que, así como los arquitectos no ponen los ladrillos, el escritor sería un diseñador que le pide a la IA que construya. Con esa imagen en mano, me puse a escribir un capítulo de un futuro libro y le subí fragmentos escritos por mí y le pedí a Claude que agregue y enriquezca. Estuve el fin de semana leyendo lo que produjo y me dio ganas de llorar. Todas las maldiciones de la IA "No es esto, es lo otro", tres adjetivaciones al hilo y otras barbaridades. A mí me parece que los límites de este loro estocástico están a la vista. Entonces, pregunta para todos: ¿por qué se insiste en llamar a esto inteligencia?